Desde que nació Judith nos era muy difícil a mi novio y a mi sacar un rato para dedicarnos solos el uno al otro y aunque tener un hijo es maravilloso, también desgasta mucho la relación y hay que poner cada uno más de su parte para dejar de ser padres por un momento y volver a ser pareja, darnos atención, cariño, hablar de nosotros. En marzo de este año mi novio tuvo un mes entero de vacaciones y decidimos que nos íbamos a ir de viaje, los dos solos, lo necesitábamos. Así que nos fuimos a varias agencias de viajes a preguntar precios. En principio queríamos viajar a Roma, nunca habíamos ido y teníamos muchas ganas. Pero se nos salía del presupuesto. El chico de la agencia nos dijo que los cruceros en esa época del año estaban más baratos, todo iba incluido y saldría muy bien así que sin pensarlo decidimos que haríamos uno.
Decidido, en finales de Marzo iríamos a un crucero durante una semana por el Mediterráneo. Hablamos con nuestros padres y nos dijeron que encantados se quedarían con Judith durante ese tiempo, que disfrutáramos y nos relajáramos que todo estaría genial.
Llegó el día de ir rumbo a Barcelona, ya que desde allí saldría el barco. Ese día salíamos muy temprano y Judith estaba dormida cuando nos fuimos. Esos días anteriores le estuve contando que papá y mamá irían en un barco durante unos días, ella se quedaría con los abuelos y al volver le traeríamos muchos regalitos, para que cuando no nos viera "entendiera" dónde estábamos. Aun así cuando ya estábamos rumbo a la estación lloré mucho. Me sentía mal, culpable por irme y dejarla sola. Sé que no le iba a pasar nada, que estaría muy bien cuidada, que nos merecíamos descansar e íbamos a pasárnoslo muy bien, pero no podía evitar sentirme así. Era la primera vez que pasábamos tanto tiempo separadas y no sabía como se lo iba a tomar.