Ya habían pasado las fiestas, no había más excusas a dónde agarrarme para no contarle a mi padre mi embarazo. Estaba ya de 8 semanas, él tenía que saberlo. Mi madre quería que se lo dijera ya, y sé que era mi obligación pero me daba mucho miedo, no sabía como iba a reaccionar.
- Paco, la niña tiene que hablar contigo- le dijo mi madre.
- ¿Qué pasa? (se puso pálido, veía en mi cara que no era algo bueno).
- Papá, sabes que estaba tomando las pastillas...pero han debido de fallar o algo...porque estoy embarazada. De 8 semanas.
No me dijo nada. Se quedo en silencio, me miró, y giró la cabeza hacia el frente.
- Papá, pero dime algo... Dime que piensas.
- ¿Qué quieres que te diga Lorena?
- No sé...algo, pero no te quedes callado por favor.
Entonces me abrazó y yo me puse a llorar como una niña pequeña. En ese momento me sentía fatal...Hubiera preferido 1000 veces que me gritase o me regañara, a ese silencio. Esa decepción y angustia que noté que sentía... Tras pasar un rato así, le dije que no iba a dejar de estudiar, y que iba a tenerlo. Él me dijo que me apoyaría, pero que me lo pensase tranquilamente, iba a ser difícil. me hizo prometerle que no iba a dejar de estudiar.