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lunes, 11 de noviembre de 2013

Mi último verano antes de ser mamá.

El verano de 2010 iba a ser sin dudas uno de los más especiales que había tenido hasta entonces, me iba a convertir en madre, por fin Judith iba a salir a conocernos, a estar con nosotros.

Habían acabado las clases y aún no tenía nada para la niña...sólo algo de ropa que me habían regalado o habíamos ido comprando. Necesitábamos la cuna, el carro, la bañera, el cambiador... La cuna la compraron a medias mi novio y mi madre, el carro me lo regalaron, la bañera y el cambiador nos lo dejó el tío de mi novio...Así que en poco tiempo me hice con lo imprescindible para ella.
A mi madre no sé que se le pasó por la cabeza pero se empeñó en pintar TODA la casa justo antes del nacimiento de mi hija, supongo que le dio el síndrome del nido, pero a su manera.

Durante todo el mes de Julio, mi casa estuvo patas arriba. Sabéis como está todo cuando hay que pintar, como si no tuviera yo suficiente con el calor que estaba pasando (Málaga, verano, muy embarazada), también tenía que aguantarme el agobio al ver la casa así. Ese verano fue también el primer año que España ganó el mundial. Recuerdo que cada vez que La Roja marcaba un gol, al escuchar los gritos de celebración ella se asustaba dentro de la barriga, pegaba un salto. A día de hoy cada vez que se celebra un gol le asusta, sonará raro pero creo que se acuerda. Odia el fútbol con todas sus ganas.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Selectividad un tanto peculiar.

Acabaron las clases de Bachillerato y me gradué. Fue un día un poco raro... Me faltaban como 3 meses para tener a Judith conmigo y ahí estaba, rodeada de gente de mi edad, pero con las que yo notaba que no teníamos casi nada en común. Tras la fiesta de graduación en la que nos entregaron los diplomas y nos pusieron la banda, fuimos a cenar. Después de la cena ellos se iban a una discoteca, yo me fui con mi novio a su casa. Estaba cansada, me dolían los pies y no me apetecía nada trasnochar. Mi vida ya empezaba a cambiar, y sólo había hecho nada más que empezar.

Selectividad estaba a la vuelta de la esquina, tenía 15 días para terminar de mirarme todo el temario que sabía que podía entrar. Tenía que aprobar esos exámenes como fueran, no podía presentarme en septiembre, ya estaría Judith con nosotros y era consciente de que iba a ser más complicado eso de estudiar cuando ella naciera. No me resultó difícil estudiar, hay veces que ella me distraía con sus patadas y me pasaba horas mirando la barriga hasta que era consciente de que me estaba distrayendo y tenía que estar atenta a los apuntes. Llegó la hora de los temidos exámenes, no recuerdo bien si fueron 3 o 4 días, pero sé que pasé un poco de nervios. Tenía el estrés típico de cualquier persona de mi edad en ese momento, pero se me sumaba el hecho de estar embarazada de 30 semanas, me daba vergüenza. No el hecho de estar embarazada, sino llegar ahí y automáticamente ser el centro de atención en un momento así.

Por fin le vimos la cara.

Llegó la hora de ver la carita de Judith. Ya estaba de 26 semanas, estaba a punto de acabar el segundo trimestre del embarazo y se me había pasado volando. El curso estaba acabando, era Mayo y me encontraba en plenos exámenes finales de 2º de Bachillerato. Al mes siguiente tenía selectividad, pero si os soy sincera mi cabeza no pensaba en eso mucho. Ahora sólo tenía ganas de ver a mi hija y saber que estaba tan sana como la última vez.

18 de Mayo de 2010, ahí estábamos en la sala de espera de la clínica mi novio, mi madre y yo. Por fin puedo pasar y me tumbo en la camilla. Empieza a hablar el doctor conmigo, era genial. Apaga las luces y empezó la ecografía. Primero fue una eco normal, viéndole todos los órganos, el flujo sanguíneo, sus medidas y peso... Después vino lo bueno. Le dio a un botón y ahí estaba Judith. Era alucinante lo bien que se la veía. Vimos como se chupaba el dedo, bostezaba, me metía el puño en la boca, le pudimos contar hasta los dedos de la mano...

Y pasaron 2/3 del embarazo.

Sin darme cuenta estaba de casi 20 semanas, la mitad del embarazo se había esfumado y yo casi no me di cuenta. Tengo que decir que mi embarazo fue genial, no tuve nauseas, y la máxima complicación que tuve en las primeras semanas fue un poco de anemia que se solucionó con pastillas de hierro.
En el instituto la cosa iba mejor. La gente ya se había acostumbrado a mi barriga y a mi, ya no cuchicheaban tanto, toda mi familia estaba muy contenta, mi novio y yo felices... Pude seguir yendo a clase con normalidad, y las notas seguían siendo buenas.
Durante el embarazo soñaba mucho con mi futuro bebé, tanto cosas buenas como pesadillas. Los sueños en general eran más vividos, pero en esas semanas hubo uno que sobresalía de los demás.

El embarazo continúa,pero las decepciones también.

Poco a poco el agua volvía a su cauce. Todo mi entorno sabía de mi embarazo, mis padres lo empezaron a aceptar y estaban incluso ilusionados, mis suegros también, mi novio estaba feliz... Pero cuando piensas que nada puede estropear tu felicidad, todo se va al traste de un momento a otro.

Tuve una pelea bastante grande con mi novio por algo que ahora sinceramente ni recuerdo. Se lo conté a mi mejor amiga, la conocía desde que yo tenía 6 años, y éramos inseparables. Imaginaros mi cara cuando ella me dice que había visto a mi novio con otra mujer en una discoteca hace varios días. Sí, como leéis...Dijo que no me lo había contado antes porque no la iba a creer, pero que ya que habíamos discutido, tenía que decírmelo. Yo me puse hecha una furia, ¿estaba embarazada de 3 meses y él se había ido con otra? No me lo podía creer. Lo llamé y sin dejarle que se explicase lo dejé, le dije de todo. Grave error.

La noticia se extiende.

Ya habían pasado las fiestas, no había más excusas a dónde agarrarme para no contarle a mi padre mi embarazo. Estaba ya de 8 semanas, él tenía que saberlo. Mi madre quería que se lo dijera ya, y sé que era mi obligación pero me daba mucho miedo, no sabía como iba a reaccionar.

- Paco, la niña tiene que hablar contigo- le dijo mi madre.
- ¿Qué pasa? (se puso pálido, veía en mi cara que no era algo bueno).
- Papá, sabes que estaba tomando las pastillas...pero han debido de fallar o algo...porque estoy embarazada. De 8 semanas.

No me dijo nada. Se quedo en silencio, me miró, y giró la cabeza hacia el frente.

- Papá, pero dime algo... Dime que piensas.
- ¿Qué quieres que te diga Lorena?
- No sé...algo, pero no te quedes callado por favor.

Entonces me abrazó y yo me puse a llorar como una niña pequeña. En ese momento me sentía fatal...Hubiera preferido 1000 veces que me gritase o me regañara, a ese silencio. Esa decepción y angustia que noté que sentía... Tras pasar un rato así, le dije que no iba a dejar de estudiar, y que iba a tenerlo. Él me dijo que me apoyaría, pero que me lo pensase tranquilamente, iba a ser difícil. me hizo prometerle que no iba a dejar de estudiar.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Embarazada.

Así estaba, embarazada. Ese día en el instituto fue bastante raro, tenía la cabeza en otro sitio, no sabía ni donde estaba. Acabaron las clases y tocaba darle la noticia a mi novio.
Si yo me pongo nerviosa, me rio, es inevitable, y claro...que tu novia te diga que está embarazada riéndose es muy poco creíble.

Cuando vio que era verdad, que íbamos a ser papás, no se lo creía. Se quedó pensativo y yo en ese momento pensé que me iba a decir que me fuera, que no quería saber nada de todo aquello.

-¿Qué vamos a hacer?- me preguntó.
- Yo voy a tenerlo, si no quieres tú, vete. Pero yo lo voy a tener...
- ¿Pero quién te ha ducho que no quiera que lo tengas? No seas tonta...

Y me abrazó, yo volví a llorar y en ese momento me sentí feliz. Aún tenía miedo, por supuesto, pero sabía que pasase lo que pasase él estaría conmigo. Íbamos a ser una pequeña familia. Me había quitado un gran peso de encima.

Y llegó la hora de afrontar la realidad...


Esa madrugada no podía dormir, quería convencerme de que no pasaba nada, que me haría el test y sólo aparecería una rayita, pero dentro de mí tenía miedo. Eran las 6 de la mañana, no pude resistir más y me levanté para salir ya de dudas. Cogí el test, fui al baño, y me puse a hacérmelo...

Lo dejé sobre el mueble de baño, esperando que saliera el resultado. No puedo describiros lo que sentía, eran una mezcla se sentimientos que sólo las que os hayáis hecho algún test me entenderéis: miedo, nerviosismo, angustia, estrés... Y ahí estaban, dos rayas moradas. Me eché a llorar, no me lo podía creer. Miraba el test, miraba mi barriga y así durante un rato. ¿Yo embarazada? ¿Cómo? ¿Se habrá equivocado el test? ¿Lo estaré mirando mal y es cosa de la luz?
Cogí el test, lo puse de todas las posturas posibles, a la luz, de lado, de lejos...nada, las dos rayas seguían, allí. No me lo podía creer.

Mamá, necesito un test de embarazo.

Esa frase fue la que le dije a mi madre, imaginaros su reacción...Voy a empezar por el principio.

Mediados de diciembre de 2009, domingo. Me tenía que haber venido la regla el viernes, nunca se me había atrasado, y tomando la píldora era raro, muy raro. No me notaba nada fuera de lo normal, y pensé que el retraso podía ser por los nervios ya que estaba acabando la primera evaluación de 2º de Bachillerato.. Yo estaba en mi cuarto, y ella en el suyo haciendo su cama:
 
-Mamá, me tenía que haber venido ya la regla, y aún nada...¿Compramos un test y me lo hago para descartar? Es imposible, pero así no me lo tienen que hacer en el médico. Cuando salga negativo, si me sigue sin bajar, vamos al médico...
 
- Vale Lorena...luego te doy dinero y te compras....eso.