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martes, 14 de enero de 2014

Choque con la realidad.

Aunque ya haya  pasado bastante tiempo desde que tuve depresión postparto, me apetece contarlo en el blog por si hay alguien que está pasando por ella. Es una de las cosas más normales de las recién mamás.

Recuerdo las primeras semanas de vida de Judith como...complicadas. Cuando vamos a ser madres primerizas tendemos a tener la maternidad demasiado idealizada, pensamos (por lo menos yo sí) que va a ser todo sencillo, que el recién nacido va a dormir perfectamente, que nos dejará descansar y recuperarnos del parto y que no nos afectará en nuestro estado de ánimo cuando no pare de llorar y no sepamos qué le pasa. Siempre me decían que los primeros meses eran duros, tienes que acostumbrarte a tu hijo, a sus rutinas, a tu nueva vida...pero yo siempre pensaba que exageraban. No podía ser tan difícil.

Ya os conté aquí lo mal que lo pasamos la primera noche de vida de la pequeña: mi novio se durmió después de tantos días en el hospital casi sin pegar ojo y no se enteró de nada, Judith no paraba de llorar, y yo estaba muy cansada sin saber casi qué hacer. Cuando salí del hospital y llegué a casa pensaba que todo mejoraría, que eso solo había sido un mal comienzo...pero no fue del todo así.

domingo, 10 de noviembre de 2013

La noticia se extiende.

Ya habían pasado las fiestas, no había más excusas a dónde agarrarme para no contarle a mi padre mi embarazo. Estaba ya de 8 semanas, él tenía que saberlo. Mi madre quería que se lo dijera ya, y sé que era mi obligación pero me daba mucho miedo, no sabía como iba a reaccionar.

- Paco, la niña tiene que hablar contigo- le dijo mi madre.
- ¿Qué pasa? (se puso pálido, veía en mi cara que no era algo bueno).
- Papá, sabes que estaba tomando las pastillas...pero han debido de fallar o algo...porque estoy embarazada. De 8 semanas.

No me dijo nada. Se quedo en silencio, me miró, y giró la cabeza hacia el frente.

- Papá, pero dime algo... Dime que piensas.
- ¿Qué quieres que te diga Lorena?
- No sé...algo, pero no te quedes callado por favor.

Entonces me abrazó y yo me puse a llorar como una niña pequeña. En ese momento me sentía fatal...Hubiera preferido 1000 veces que me gritase o me regañara, a ese silencio. Esa decepción y angustia que noté que sentía... Tras pasar un rato así, le dije que no iba a dejar de estudiar, y que iba a tenerlo. Él me dijo que me apoyaría, pero que me lo pensase tranquilamente, iba a ser difícil. me hizo prometerle que no iba a dejar de estudiar.